sábado, 28 de diciembre de 2013

Conversación solitaria con mi muso...

Sé que hace largas noches que no he intentado buscarte, demasiadas diría yo. Supongo que solo intentaba descubrir qué sentiría si no te prestaba atención durante un tiempo. Sé que de algún modo has conseguido esconderte de mí, huir de mi punzante mirada, refugiarte en sitios luminosos, aquellos a los que no puedo entrar. Seguiré intentando convencerme de que no lo has hecho adrede. De alguna forma misteriosa y que no consigo entender, siento que has estado esperando mi atención, que el alcohol y los cigarros no han sido suficiente para ti, que las ojeras que permanecen bajo tus ojos solo te recuerdan que no puedes descansar a menos que yo te encuentre y me alimente de tus entrañas; algo que aunque te aterrorice, también sé que en cierto modo has acabado necesitando, como un estupefaciente más del que depender, un tóxico capricho más en tu inevitable existencia.

No se si es sano, lo dudo, tampoco sé si es adecuado, o siquiera común, pero tengo que decir o más bien gritar, que seguramente esta acción que he decidido hacer ahora, y que no es otra sino escribir, es fruto de un acuerdo total por parte de las facetas que me componen. Si, yo tampoco creí nunca que algún día se pondrían de acuerdo en algo, sabes tanto como yo que siempre están a la defensiva unas con otras.
A lo que iba, este texto demuestra en todo su esplendor que he vuelto, que te necesito, quizás algo tarde, pero al fin y al cabo, no he podido evadirme del todo. ¿Aun no entiendes de lo que hablo?
Supongo que doy demasiadas vueltas porque me resulta incómodo aceptarlo en voz alta (letra escrita).
Hablo de que te necesito, de que escapar de ti no entra dentro de mis planes, hablo de que matarnos el uno al otro no tiene por qué seguir siendo la meta... ¿Qué te parece una tregua? 

Estés donde estés, sé que estás cerca, si no, no habría podido gritar (escribir). Seguramente estés en algún rincón escondido, receloso de si volver o quedarte ahí haciendo el idiota, pero déjame decirte que puedo ver claramente, como si de mí se tratase, que cada noche te revuelves entre las sabanas dolorosamente presenciando una sola verdad; que me odias tanto como me necesitas.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Cajas, plumas y piezas..

Admito que hay momentos en los que no sé qué creer sobre las cosas, sobre el mundo, sobre mí...
Nuestra vida no nos pertenece -eso he oído por ahí-, estamos conectados entre nosotros, de modo que las acciones y los gestos de los demás cambian continuamente nuestro pasado, presente, y futuro. 
¿Es cierto? ¿Es así? ¿Acaso, debo simplemente aceptarlo? ¿Resignarme tal vez? ¿Qué podemos esperar de nuestras acciones si nuestro propio futuro no depende de nosotros?  Resulta decepcionante, preocupante, doloroso. Es como abrir la caja de Pandora de nuevo. Es como cortar las alas al más inquieto de los pájaros. 

Hay ciertos momentos, al parecer dados al azar, que lo llenan todo de tanta incertidumbre que me resulta imposible no perder la esperanza, me es imposible no bañar mis mejillas en lágrimas. Me encuentro agónicamente perdida ante el vacío que se abre cruelmente en medio de mi alma; como cientos de piezas de un mismo puzzle que se pierden sin encontrar su sitio.

Supongo que es cierto, nuestras vidas no nos pertenecen, porque en realidad no son más que esperanza entre un montón de plumas y piezas perdidas. Triste y desolador...