martes, 22 de julio de 2014

Asco

     La oscuridad llega y se posa sobre cada rincón. Callejones húmedos, de deshechos, orina, alcohol, e incluso sangre. Barrios donde de madrugada únicamente se escuchan discusiones, gritos y quejas. Olores repugnantes, imágenes fatales, ruido insoportable.

     Camino resentido hacia mi butaca apartándome de la ventana. Dejo la taza del café que acabo de saborear en mi mesita de noche. No me siento, sentarse es un acto de decisión que implica estar de acuerdo e incluso a gusto con lo que harás tras posar tus nalgas sobre un asiento. Lo cierto es que me dejo caer sin fuerzas ante mi escritorio. Está lleno de hojas, y encima de todas ellas está mi único bolígrafo. He de decir que es negro, me parece un dato importante, no es azul, ni verde, sino negro.

     Confieso que casi cada noche mantengo cierta discusión conmigo mismo, pues aunque lo intente, se me hace imposible sentarme y distraerme con cualquier cosa, se me hace eterno e insoportable el intento de dormir sin antes conseguir sacar esto que siento y que no expreso: asco. La presencia de un asco peculiar y pesado llena toda la atmósfera de estas cuatro paredes que me rodean. Asco, una palabra engañosamente sencilla que está destruyendo mi descanso físico (he de matizarlo). 

     En la esquina del escritorio, una copa medio llena -de un vino barato que compré con lo último que me quedaba en el bolsillo- se me ofrece, me insiste, parece incluso consciente de su efecto en mí.
La cafeína da agilidad a la lengua, facilita el riego verbal, evita que las letras se coagulen. El sabor y efecto del vino, por otra parte, hacen patinar la vergüenza, la mentira, le da al escritor, le da al que confiesa, seguridad y sinceridad, las dos "s" las llamo yo. 

     Ebrio de vino y de asco, me dispongo a confesar, a expresar, a sacar toda esta incertidumbre y emociones encontradas que fluyen cada vez que me obligo a salir -o asomarme a la ventana- para evitar ser engullido por mi casa. Escupir a la hoja, mojar el bolígrafo en mi propia saliva que se asemeja ya a la tinta. Hacerlo todo rápidamente mientras la angustia, y algo que identifico como alivio, recorren mi ser con osadía. Asco: ayer, hoy -y puede que mañana- una gran razón para escupirle a la hoja. 
  

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