viernes, 13 de febrero de 2015

Una maravillosa inexactitud

     En ese momento caminaba como parecen caminar a veces las nubes, caminaba a la vez que mi corazón golpeaba mis costillas, a un ritmo irregular e impredecible. Tras cada paso creía sentir algo nuevo, algo distinto, incluso ahí donde ya había estado otras veces. Algo había cambiado en ese sitio, algo diferente habitaba ese espacio aparentemente vacío. Mi presencia era ligera, sí, ligera como la brisa misma. Moví mis piernas, aspiré tanto aire como mis pulmones me permitieron, observé concentrada cada parte de ese espacio sonriendo absurda e histéricamente, esperando encontrar aquello que había cambiado, aquello que de forma invisible lo abarcaba todo.

     No estoy segura de poder explicarlo o describirlo con exactitud. Aunque ahora que lo pienso, ¿no es acaso la exactitud - la perfecta explicación, la detallada descripción de todo- un vano intento de control de los hechos? ¿Una mentira? ¿Un error?

     Solo diré que sabía de la existencia de la llegada de algo a ese lugar, de algo que al llenar mis pulmones provocaba en mí una intensa sensación de consciencia inalterada, como el eterno trance que siempre había deseado.

     Supongo que si quisiera llamarlo de una forma sencilla -y por supuesto no exacta- solo podría llamarlo esperanza.