miércoles, 16 de septiembre de 2015

Derrame

     Y no basta. No bastan los sueños para pararlo, para solucionarlo, para dejar de temerlo. Y no para. No para de fluir por mi piel, de derramarse por mis venas, de inundar mi corazón.  Y no lo paro, no lo soluciono, no me quejo, no lo aparto.

     Y lo siento, lo respiro, lo asimilo, lo vuelvo a sentir. Cada sensación, cada intención de ahogarme sin más, cada momento gélido y poderoso. Me ataca desde dentro, desde muy lejos. Me ataca, me deja sin aire, me empuja y me arrebata -incluso- la voluntad.

     Y me resigno, no lucho, no lo niego, pues ni siquiera este suceso es eterno. Veo por fin la verdad, siento solo entonces la necesidad, una que insiste en desatascar mis venas y llenar mis pulmones, una que se atreve a sacudirme terriblemente como a la arena y a provocarme terror desde entonces.

     Y todo lo siento, nada me basta, todo me lo arrebata.  Y me resigno a un destino inseguro, -y solo entonces- puedo sentir que mudo.


lunes, 14 de septiembre de 2015

...

     Como si fuera sencillo huir de lo que fluye en cada rincón, en cada altura, en cada espacio infinito. El dolor fluye cuando los párpados pesan, cuando no quieren dormir, cuando no se quieren rendir.

     Como si fuera posible cambiar la velocidad con la que se tornan las ideas, la profundidad a la que llega la oscuridad en mi propia mente. Los ojos miran pero no ven nada, buscan pero no encuentran. No pueden hablar y sin embargo gritan, sí, gritan con ansiedad, gritan sin más hacia la oscuridad sin fin.

     Como si esto que todo lo llena, que todo lo recorre, esto que nos aplasta la voluntad y nos arranca el sentido sin mostrarse fuese a desaparecer. Como si tuviera esperanza, claro, como si la necesitara. 

     Solo fluyen, y solo huyo.
     Pesan, y junto a ellos me hundo.
     Y se rinden, y gritan.
     Y todo lo aplastan, y conmigo... arrasan. 

martes, 8 de septiembre de 2015

Sentido

     No creo que hayas sentido algo similar. No te subestimo, no lo creas, sólo digo que algo así no es fácil sentirlo. No creas que esto se busca, ni se te ocurra pensarlo porque esto de lo que te hablo tampoco lo encuentras, sino que te atrapa sin avisar, te da caza, te atraviesa por la mitad. No creas que es bondadoso, porque te coge de las entrañas y no te suelta.

     Tu piel deja de ser tuya, te repele, te duele, te odia. Tu maldita piel agoniza porque lo que quiere es no ser. Ya no te hablas, no creas que tu voz te pertenece porque nunca lo ha hecho. Tu voz te grita, tú la ignoras, sí, pero te grita hasta que te duelen los tímpanos, hasta que lo asumes, hasta que aceptas que quiere quebrarse y no volver. Tus ojos no te ven, no, se niegan, se apartan, decrecen, te duelen.

¿Te imaginas presenciar cómo tu propio cuerpo te rechaza; cómo tu propia locura te da la espalda? Lo siento todo, cuando en realidad lo que siento y lo que me repito es que no siento nada.

     Como penas, sí, penas de otros que se me meten por los pulmones al respirar este sinsentido que es el sentir. Como llantos, sí, llantos de una alma quebrada que padece pero no siente, que sin más se retuerce y me estremece.

Creo que no lo sientes, no. Algo así solo puede ser una crueldad más de mi aterrorizada mente.