lunes, 14 de septiembre de 2015

...

     Como si fuera sencillo huir de lo que fluye en cada rincón, en cada altura, en cada espacio infinito. El dolor fluye cuando los párpados pesan, cuando no quieren dormir, cuando no se quieren rendir.

     Como si fuera posible cambiar la velocidad con la que se tornan las ideas, la profundidad a la que llega la oscuridad en mi propia mente. Los ojos miran pero no ven nada, buscan pero no encuentran. No pueden hablar y sin embargo gritan, sí, gritan con ansiedad, gritan sin más hacia la oscuridad sin fin.

     Como si esto que todo lo llena, que todo lo recorre, esto que nos aplasta la voluntad y nos arranca el sentido sin mostrarse fuese a desaparecer. Como si tuviera esperanza, claro, como si la necesitara. 

     Solo fluyen, y solo huyo.
     Pesan, y junto a ellos me hundo.
     Y se rinden, y gritan.
     Y todo lo aplastan, y conmigo... arrasan. 

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