miércoles, 16 de septiembre de 2015

Derrame

     Y no basta. No bastan los sueños para pararlo, para solucionarlo, para dejar de temerlo. Y no para. No para de fluir por mi piel, de derramarse por mis venas, de inundar mi corazón.  Y no lo paro, no lo soluciono, no me quejo, no lo aparto.

     Y lo siento, lo respiro, lo asimilo, lo vuelvo a sentir. Cada sensación, cada intención de ahogarme sin más, cada momento gélido y poderoso. Me ataca desde dentro, desde muy lejos. Me ataca, me deja sin aire, me empuja y me arrebata -incluso- la voluntad.

     Y me resigno, no lucho, no lo niego, pues ni siquiera este suceso es eterno. Veo por fin la verdad, siento solo entonces la necesidad, una que insiste en desatascar mis venas y llenar mis pulmones, una que se atreve a sacudirme terriblemente como a la arena y a provocarme terror desde entonces.

     Y todo lo siento, nada me basta, todo me lo arrebata.  Y me resigno a un destino inseguro, -y solo entonces- puedo sentir que mudo.


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