sábado, 10 de octubre de 2015

Aislada

     Algo me tiene extrañada, anonadada, algo que me pide y me exige que permanezca aislada. No es otra cosa que una sensación precaria, sí, una sensación de constante e hiriente alarma.

     Y es algo amargo, escarchado, apagado, puede que simplemente sea un atajo. Un atajo al vacío, sí, el mezquino e infinito vacío de este interminable hastío.

    Y es que -con parsimonia- me acaricia, luego me asfixia con armonía, con delicadeza, supongo que para no matarme con tan terrible y semejante aspereza. Y me sorprende mientras me desprende, y me retiene, me tortura lentamente, me desangra cruel e impasiblemente.

   Y es algo que tantea, que me quema, algo que simplemente me aterra.





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