miércoles, 15 de junio de 2016

Puertas


     ¿Acaso no existen las puertas? Camino sin otro rumbo más que el cerrar unas para abrir otras. Piso ideas que me suenan, que me asaltan, que me aterran. Y todo es extraño. Pero te juro que no lo sé, que no sé lo que vi, que no puedo recordar cuánto presencié, ni cuando quise dejar de ver y de saber.


   ¿Acaso se perdieron los límites? Avanzo sin mirar atrás para no perderme entre deshechas existencias. Corro hacia el final que se difumina, que se aleja, que me enajena. Y todo es inmenso. Pero te prometo que no lo recuerdo, que no sé lo que oí, que no puedo hacerme a la idea de cuánto percibí, ni cuando quise dejar de oír y de sentir.


     ¿Acaso se borraron las líneas? Me arrastro sobre la oscuridad misma clavando las uñas en mi verdad. Grito y desgarro la cordura que me empuja, me insiste, me mata. Y todo -simplemente- es. Pero únicamente te dejo -en vano- mil palabras en la piel, porque lo único que puedo decirte es que no sé lo que fui, ni lo que soy, ni lo que seré.


 ¿Acaso fueron ellas una cruel pesadilla? 

domingo, 1 de mayo de 2016

Pálidas criaturas

   ¡Bendito Rocinante! Junto a Sancho Panza y con Don Quijote encima cabalgaba con decisión y protegía a su dueño incluso de las criaturas más peligrosas. No habría mayor valiente que él, protector de su amo y gran combatiente de los obstáculos más grandes jamás vistos. ¡Audaz Sancho Panza! Escudero de su Señor, vigilaba las llanuras y observaba la verdadera naturaleza de todos los peligros que les acechaban. Con la lealtad en la mente y la razón en el corazón, le seguía el juego a su sabio Señor.  ¡Gran Maestro, Don Quijote! Conocido Caballero feroz, avanza decidido a enfrentarse a lo que sea para demostrar su valía y proteger y enseñar a su inofensivo Sancho Panza.

   Todos los protagonistas atraviesan la llanura, escalan la montaña y al llegar a la cima no pueden creer lo que ven sus ojos: a lo largo del territorio que contemplaban -y casi hasta el horizonte- había filas y filas de las más extrañas, paliduchas, delgadas y gigantes criaturas que jamás hayan podido ver. <<Qué horrorosas construcciones hemos hallado. Qué violación de las tierras. Qué agonía para mi Señor>> Pensaba Sancho Panza. <<¡Cómo azota el hambre en estas tierras! ¡Podré -sin dudarlo- derrotar a estas enfermizas y débiles criaturas!>> Opinaba Don Quijote. Había decenas, cientos, quizá miles, y parecían estar protegidas por cientos de criaturas (estas más pequeñas) que danzaban frente a ellas en todas las direcciones a velocidades jamás sospechadas. Una nueva lucha tendría lugar, Rocinante relinchaba de decisión. Una dura actuación habría de hacer, Sancho Panza analizaba la situación. ¡Un venturoso y exitoso enfrentamiento se aproximaba! Don Quijote sonreía.

jueves, 28 de abril de 2016

Para qué

    ¡Y exclamo que para qué! Para qué puede servir esta escondida y oscura manera de existir que yace en mí, esta incomprensible y poderosa manera que tiene mi Ser de ser.

    ¡Y qué descubrir en todo esto! ¡Qué temer, de qué huir! Te digo que no me mires, que no me observes, que no lo hagas porque me verás. Que esta no soy yo. Que todo es una temible confusión que me recorre la mirada.

    ¡Y cómo evitarlo! ¡Cómo ahogar lo esencial, cómo no! Te pido que no me hables, que no me des tus palabras, que no lo intentes porque me oirás. Que solo estoy soportándome en silencio, gritándome siempre desde dentro.

    ¡Y cómo alejarme! ¡Cómo arrancarme la piel, cuándo no! Te  suplico que no me toques, que no acaricies mi piel, que no lo desees porque entonces me sentirás. Que intento huir y no puedo, que todas las espinas se me clavan, que poco a poco me desangran.

    ¡Y para qué! ¡Para qué ser! ¡Para qué mi Ser!

lunes, 21 de marzo de 2016

A tormenta dos





   Y te veo, no sé cómo ni desde dónde, pero te veo. Te sumerges en un mar de mentiras, de engaños, de ilusiones. Te entregas a una corriente hipócrita, maldita, llena de pretensiones. Te hundes en un océano de paradigmas, agitado, lleno de decepciones. Y te veo, y no sé cómo, pero te veo.

   Y te siento, no sé cómo ni por qué, pero te siento. Te siento palidecer ante una cortina de dudas, agitarte ferozmente con el temblor de la verdad, arrancarte la piel a tiras con la única presencia de un significado real.

   Y te busco a todas horas, pero nunca me encuentro. Y permaneces perdido en un todo aleatorio y tormentoso.Y me busco en todo momento, pero nunca te encuentro. Y continúo confusa en este lugar caótico y poderoso.

   Y no sé cómo ni porqué; pero te busco, y permaneces, y continúo.




*Ilustración de Ximo Segarra "Acapu" 
Un planeta llamado Acapu (El blog de Ximo)

jueves, 3 de marzo de 2016

Incoherencia

En ocasiones pienso. Parece algo común e inevitable, nada más lejos de la realidad. Es este pensar algo totalmente distinto. Uno innecesario para vivir. Uno que se torna -sin embargo- absoluto aliento para el impulsivo ser que no podemos evitar ser.

En ocasiones siento. Resulta algo excitante y aterrador, nada más cerca de la verdadera naturaleza. Es este sentir algo totalmente instintivo. Uno innecesario para estar. Uno que se muestra -sin embargo- demasiado inmenso como para poseerlo.

En ocasiones soy. Esto es mucho más que algo, sí. Ni más cerca ni más lejos de nada, porque lo es todo. Es este ser un todo asombrosamente completo. Uno que se torna pero no siempre retorna. Uno que se muestra pero no siempre lo demuestra.

Y parece, resulta y es -pero no algo ni nada-. Te aseguro que no siempre se torna todo aunque lo sea. Una incoherencia justamente en el límite de la coherencia -porque es y no es-. Una innecesaria para vivir y estar, pero jamás para pensar.