viernes, 16 de septiembre de 2016

Creatura III

 Me miro en un espejo, en uno que -fiel a lo que es- se torna oscuro e infinito. Parece que se dobla y se desdobla a voluntad, que finge, que está presente en sí mismo  y también que no lo está. Me pierdo en un reflejo, en uno que -fiel a lo que es- se torna borroso e inestable. Parece que se escapa y se busca sin voluntad, que omite, que se ha visto a sí mismo y también que no lo ha hecho. Me rindo ante un deseo, ante uno que -fiel a lo que es- se torna doloroso y necesario. Parece que se muerde y se desangra sin parar, que sufre, que lucha contra sí mismo y también que no lo hace.

 Y cedo ante este impasible y confuso espejo que me muestra un yo indeterminado. Y me extraño de mí. Y fracaso ante este ruidoso reflejo que me miente con un yo despersonalizado. Y me rechazo así. Y me dejo arrastrar por este deseo desgarrador que me grita mediante un yo aterrorizado. Y huyo de mí.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Creatura II

   Siento un cosquilleo en las piernas, que no puedo moverme, que si lo intento me caeré, que mis piernas nunca pudieron moverse y que todo fue un terrible engaño. Es extraño darse cuenta de cuánto de todo lo que siempre hemos tenido ha sido una gran mentira. Y no, no puedo moverme. ¿Cómo podría siquiera pensar en huir?

   Siento vértigo en las manos, que las tengo atadas, que si las muevo desaparecerán como si nunca hubieran sido mías, que me duelen y que no puedo utilizarlas para nada. Es confuso darse cuenta de que lo que siempre hemos creído parte de nosotros simplemente no lo es. Y no, no tengo mis manos. ¿Cómo podría siquiera pensar en ayudarme a mí misma?

   Siento dolor en los ojos, que no me responden las pupilas, que no puedo dirigir la mirada hacia abajo antes de caer, que pierdo la vista entre nubes oscuras y con ella la esperanza de volver a ver. Es aterrador darse cuenta de que estamos perdiendo algo y saber que nunca lo recuperaremos. Y no, no puedo ver. ¿Cómo podría siquiera pensar en observar la caída antes de perecer?

viernes, 2 de septiembre de 2016

Creatura I

[...]

    Y si de verdad todo fuese tan fácil, si el saber cuándo podemos aceptar algo sobre nosotros mismos fuera tan sencillo, no hablaría de esto. Pero no lo es, no es fácil, no llegas a una conclusión profunda sobre ti mismo mientras estás reorganizando el orden en el que están tus libros simplemente porque sí, o mientras estás en una cafetería reflexionando sobre lo mal que abrimos los sobres de azúcar.

[...]

    Ignoro si debería vomitarlo, si debería dejar escapar por la boca todo lo que desea escapar de mí, todo lo que ha estado dentro de mis vísceras durante años, todo lo que ha malvivido entre oscuridad y soledad. No sé si seré capaz de abrirme para que todo este líquido negro salga a borbotones de mí, no sé si podré dejar mi boca abierta hasta que todo pase, si podré mantener la mirada fija o si por el contrario cerraré los ojos para negarlo todo después. ¿Y si no puedo soportarlo? ¿Y si lo que debo dejar escapar es tan grande que no acaba quedando nada de mí? Y si, y si, solo soy capaz de preguntarme qué pasaría.

    Ignoro si debería hacerlo, no quiero saber si esto que permanece en mi mente y me anula la razón es lo único coherente que puedo dar de mí. No sé si estoy dispuesta a aceptar que solo sea una locura más, una triste e impulsiva locura de las mías, una capaz de conseguir que crea que necesito arrancarme esto a sangre fría, esto que se mueve, esto que se retuerce, esto que siento que está vivo y no descansa nunca. ¿Y si no puedo con el dolor? ¿Y si descubro que esto que intento sacarme de dentro no es otra cosa que yo misma?

[...]



miércoles, 15 de junio de 2016

Puertas


     ¿Acaso no existen las puertas? Camino sin otro rumbo más que el cerrar unas para abrir otras. Piso ideas que me suenan, que me asaltan, que me aterran. Y todo es extraño. Pero te juro que no lo sé, que no sé lo que vi, que no puedo recordar cuánto presencié, ni cuando quise dejar de ver y de saber.


   ¿Acaso se perdieron los límites? Avanzo sin mirar atrás para no perderme entre deshechas existencias. Corro hacia el final que se difumina, que se aleja, que me enajena. Y todo es inmenso. Pero te prometo que no lo recuerdo, que no sé lo que oí, que no puedo hacerme a la idea de cuánto percibí, ni cuando quise dejar de oír y de sentir.


     ¿Acaso se borraron las líneas? Me arrastro sobre la oscuridad misma clavando las uñas en mi verdad. Grito y desgarro la cordura que me empuja, me insiste, me mata. Y todo -simplemente- es. Pero únicamente te dejo -en vano- mil palabras en la piel, porque lo único que puedo decirte es que no sé lo que fui, ni lo que soy, ni lo que seré.


 ¿Acaso fueron ellas una cruel pesadilla? 

domingo, 1 de mayo de 2016

Pálidas criaturas

   ¡Bendito Rocinante! Junto a Sancho Panza y con Don Quijote encima cabalgaba con decisión y protegía a su dueño incluso de las criaturas más peligrosas. No habría mayor valiente que él, protector de su amo y gran combatiente de los obstáculos más grandes jamás vistos. ¡Audaz Sancho Panza! Escudero de su Señor, vigilaba las llanuras y observaba la verdadera naturaleza de todos los peligros que les acechaban. Con la lealtad en la mente y la razón en el corazón, le seguía el juego a su sabio Señor.  ¡Gran Maestro, Don Quijote! Conocido Caballero feroz, avanza decidido a enfrentarse a lo que sea para demostrar su valía y proteger y enseñar a su inofensivo Sancho Panza.

   Todos los protagonistas atraviesan la llanura, escalan la montaña y al llegar a la cima no pueden creer lo que ven sus ojos: a lo largo del territorio que contemplaban -y casi hasta el horizonte- había filas y filas de las más extrañas, paliduchas, delgadas y gigantes criaturas que jamás hayan podido ver. <<Qué horrorosas construcciones hemos hallado. Qué violación de las tierras. Qué agonía para mi Señor>> Pensaba Sancho Panza. <<¡Cómo azota el hambre en estas tierras! ¡Podré -sin dudarlo- derrotar a estas enfermizas y débiles criaturas!>> Opinaba Don Quijote. Había decenas, cientos, quizá miles, y parecían estar protegidas por cientos de criaturas (estas más pequeñas) que danzaban frente a ellas en todas las direcciones a velocidades jamás sospechadas. Una nueva lucha tendría lugar, Rocinante relinchaba de decisión. Una dura actuación habría de hacer, Sancho Panza analizaba la situación. ¡Un venturoso y exitoso enfrentamiento se aproximaba! Don Quijote sonreía.